Apenas ayer llegamos a Corn Island, una isla de tan solo 8 Km\2 a 70 millas
del puerto de Bluefields en el Caribe nicaragüense. Es un paraíso
intacto protegido por una barrera de cuarenta especies de coral, donde la
visibilidad a 3 metros de profundidad suele alcanzar hasta 100 metros lineales:
un deleite para los buceadores.
Mientras en las cazuelas se fríen las langostas y los plátanos
verdes se doran en las brazas de un rústico fogón, una hermosa
mulata de la etnia miskita nos ha servido sendos vasos de exquisito ron nicaragüense.
Ocho generaciones atrás, los abuelos de sus abuelos llegaron como
esclavos de los ingleses de Jamaica que colonizaron estas costas. Pobres,
fatigados y sin equipaje alguno, jamás habrían imaginado la
extraordinaria herencia cultural que dejarían a sus descendientes.
Y es que nuestra mesera no camina, se diría que baila. La cadencia
de sus pasos evoca las reminiscencias africanas en los sones de un Caribe
oculto, a tan solo una hora y cuarenta y cinco minutos de vuelo de Managua,
la capital nicaragüense.
Si se dispone de tiempo, al Archipiélago de Corn Island también
se puede llegar viajando por carretera 300 Km .desde Managua que en unas 6
horas le llevarán hasta la ciudad de El Rama y continuando el viaje
en lancha a través del río Escondido hasta el puerto de Bluefields,
tramo que podrá completar en una hora y media adicional. Desde este
último, el traslado a las islas puede realizarse en bote o por aire.
Corn Island tiene muy pocos hoteles, menos restaurantes y a lo sumo tres
discotecas. La sucursal de un banco, una oficina de turismo ubicada dentro
de uno de los restaurantes, un centro de salud, una modesta área comercial
y, desde luego el aeropuerto en el centro de la isla completan sus páginas
amarillas.
De los 15 kilómetros que conforman el perímetro de la isla,
la mitad están adoquinados. Varios taxis y un único autobús
ofrecen los servicios de transporte. Nosotros sin embargo, optamos por alquilar
bicicletas.
Sí, si hay un sitio donde puede consultar Internet. Sin embargo, los
largos ratos sin electricidad, las frecuentes interrupciones en la red telefónica
y el ganado vagando libre por las calles, le recordarán que tiene Ud.
el privilegio de estar en un paraíso inadvertido por las oleadas del
turismo masivo.
La población, compuesta en su mayoría por descendientes afroamericanos
es de un colorido extraordinario. Las sucesivas mezclas de miskitos, zumos,
ramas, chinos y europeos han producido rasgos de extraordinaria belleza donde
el color oscuro de la piel puede contrastar con ojos almendrados del verde
más profundo.
Un día apenas nos ha alcanzado para adivinar la cantidad de cosas
por hacer y descubrir en los próximos tres que permaneceremos en las
islas. Aún no hemos ido a Little Corn Island, la isla vecina que a
tan solo 30 minutos en bote guarda según dicen, los mejores paisajes
naturales del archipiélago. Tampoco hemos subido a las colinas . Nos
han informado que el recorrido es fácil y ofrece espectaculares vistas
sobre los pantanos y la selva lluviosa bordeada por acantilados y bahías
donde anidan miles de aves marinas.
Por lo pronto, dejamos que la brisa del Caribe continúe meciendo suavemente
nuestra hamaca, apuramos el ron y esperamos la hora de la cena. Con el ocaso
multicolor en el cielo, las cadencias del reggae anticipan las emociones nuevas
de nuestra primera noche en el paraíso.