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2006
3rd.   edition
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El Código Maya

        

No se trata de claves al estilo de aquellas que, entre aplausos y desdenes han abarrotado de bytes y de papeles la comunicación mundial de los últimos meses.

Se trata de una antigua y compleja asignación de valores y símbolos para trasmitir mensajes y leyendas, hilados con el más hermoso colorido de las selvas centroamericanas.

A través de sus prendas de vestir, los pueblos mayas de Guatemala trasmiten códigos de género, de identidad, de jerarquía o simplemente exhiben un esplendoroso catálogo textil de motivos multicolores.

Aún hoy, con una sola mirada, los mayas reconocen los códigos cifrados en los “huipiles”, esas hermosas blusas que declaran la región y la aldea de la mujer que lo lleva, entre tantos mensajes más.

La Naturaleza circundante como resulta lógico, ha aportado a los tejidos la gama más extensa entre los símbolos. El jaguar, el quetzal y la serpiente han sido símbolos importantes en la cosmovisión centroamericana prehispánica. Para los mayas, la serpiente suele representar las simas y cimas de las sierras, Asociada a la fertilidad, la serpiente simbolizaba también la energía sagrada que da vida al universo y su representación es frecuente en los tejidos de Chimaltenango, San Juan Socatepequez, Sololá y la Alta Verapaz.

El sincretismo cultural resultado de la conquista y la colonización española, aportó nuevos símbolos y motivos al código maya como el águila bicéfala de los Habsburgo que muestran algunos paños tejidos en Chichicastenango, Sololá y Guatemala. El concepto de dualidad sin embargo, es prehispánico. Los gobernantes mayas utilizaron como cetro en alguna época una serpiente de dos cabezas, forma dual que suele interpretarse como referencia al bien y al mal, al cielo y a la tierra, al pasado y al porvenir.

De tiempos prehispánicos también es la representación textil de un árbol como Centro del Universo, posteriormente influida por la visión musulmana del Árbol de la Vida que los españoles trajeron al Nuevo Mundo y las tejedoras mayas imprimieron en numerosas prendas ceremoniales.

Mitos y leyendas del pueblo también viven en los tejidos mayas. El pájaro que se posa sobre una hoja de tabaco, tan frecuente en los bordados, refiere a la historia de cuando el señor Sol se enamoró de la señora Luna, hija del señor de los Cerros y los Valles y para estar cerca de ella le pidió prestado su plumaje al colibrí y voló hasta una planta de tabaco desde donde podía contemplarla en todo su esplendor.

El complejo abanico de mensajes que encierran los huipiles mayas refleja la visión particular de tejedoras que no trabajan en serie sino en comunión con su espíritu, trasladando al rústico telar apoyado en su cintura, las penas, las alegrías y las esperanzas de una marginalidad histórica que el efecto multiplicador de las divisas del turismo se ha atrevido a intentar detener.

Aunque hoy se consiguen textiles de simbología mayas hechos a máquina y de extraordinaria calidad, el huipil tradicional hecho a mano, único, irrepetible, portador del código de su milenaria cultura continúa siendo el orgullo de su dueña.

Quetzales y orquídeas, pájaros, lagos, montañas y volcanes entretejen la brillante policromía de las telas mayas, hermosos souvenirs bordados que sin hacer peso en la maleta de regreso, alivian a la familia maya de los pueblos remotos, el enorme peso de tantas carencias cotidianas.