No se trata de claves al estilo de aquellas que, entre aplausos y desdenes
han abarrotado de bytes y de papeles la comunicación mundial de los
últimos meses.
Se trata de una antigua y compleja asignación de valores y símbolos
para trasmitir mensajes y leyendas, hilados con el más hermoso colorido
de las selvas centroamericanas.
A través de sus prendas de vestir, los pueblos mayas de Guatemala
trasmiten códigos de género, de identidad, de jerarquía
o simplemente exhiben un esplendoroso catálogo textil de motivos multicolores.
Aún hoy, con una sola mirada, los mayas reconocen los códigos
cifrados en los “huipiles”, esas hermosas blusas que declaran
la región y la aldea de la mujer que lo lleva, entre tantos mensajes
más.
La Naturaleza circundante como resulta lógico, ha aportado a los tejidos
la gama más extensa entre los símbolos. El jaguar, el quetzal
y la serpiente han sido símbolos importantes en la cosmovisión
centroamericana prehispánica. Para los mayas, la serpiente suele representar
las simas y cimas de las sierras, Asociada a la fertilidad, la serpiente simbolizaba
también la energía sagrada que da vida al universo y su representación
es frecuente en los tejidos de Chimaltenango, San Juan Socatepequez, Sololá
y la Alta Verapaz.
El sincretismo cultural resultado de la conquista y la colonización
española, aportó nuevos símbolos y motivos al código
maya como el águila bicéfala de los Habsburgo que muestran algunos
paños tejidos en Chichicastenango, Sololá y Guatemala. El concepto
de dualidad sin embargo, es prehispánico. Los gobernantes mayas utilizaron
como cetro en alguna época una serpiente de dos cabezas, forma dual
que suele interpretarse como referencia al bien y al mal, al cielo y a la
tierra, al pasado y al porvenir.
De tiempos prehispánicos también es la representación
textil de un árbol como Centro del Universo, posteriormente influida
por la visión musulmana del Árbol de la Vida que los españoles
trajeron al Nuevo Mundo y las tejedoras mayas imprimieron en numerosas prendas
ceremoniales.
Mitos y leyendas del pueblo también viven en los tejidos mayas. El
pájaro que se posa sobre una hoja de tabaco, tan frecuente en los bordados,
refiere a la historia de cuando el señor Sol se enamoró de la
señora Luna, hija del señor de los Cerros y los Valles y para
estar cerca de ella le pidió prestado su plumaje al colibrí
y voló hasta una planta de tabaco desde donde podía contemplarla
en todo su esplendor.
El complejo abanico de mensajes que encierran los huipiles mayas refleja
la visión particular de tejedoras que no trabajan en serie sino en
comunión con su espíritu, trasladando al rústico telar
apoyado en su cintura, las penas, las alegrías y las esperanzas de
una marginalidad histórica que el efecto multiplicador de las divisas
del turismo se ha atrevido a intentar detener.
Aunque hoy se consiguen textiles de simbología mayas hechos a máquina
y de extraordinaria calidad, el huipil tradicional hecho a mano, único,
irrepetible, portador del código de su milenaria cultura continúa
siendo el orgullo de su dueña.
Quetzales y orquídeas, pájaros, lagos, montañas y volcanes
entretejen la brillante policromía de las telas mayas, hermosos souvenirs
bordados que sin hacer peso en la maleta de regreso, alivian a la familia
maya de los pueblos remotos, el enorme peso de tantas carencias cotidianas.